Revolución de los Claveles

Antiguo emplazamiento del  Palacio Real que fue destruido por un gran seísmo en 1755, en esta plaza tuvo lugar la Revolución de los Claveles.

Un 25 de abril, una madrugada como cualquier otra, comenzaron a oírse canciones prohibidas por el régimen, al son de la revolución. La masa que se levantó llevaba la voz en el corazón y en la mano una flor, un clavel.

Gritos en calle que no ha todos ayudaron, pues un banquete se aplazó , y una mujer sencilla, una camarera que no llamaba la atención, recogió los claveles sobrantes.

Soldados también en calle, no querían luchar pero era una orden. Civiles sin más armas que su propia voz. Ambos bandos frente a frente, solo podía acabar en una masacre, sin embargo un gesto lo cambió todo.

Camarera alegre y risueña, sin nada más que ofrecer, una flor dió a un soldado que vidas no quería perder. El soldado de buena fé y triste por lo que acontecía, cogió el clavel y lo puso en su fusil. Sus compañeros lo imitaron, pues no querían disparar, conocían a aquella gente, los veían cada día, al caminar, al ir a trabajar, era su pueblo también.

El clavel en el fusil significaba una paz, un no queremos luchar. La acción del clavel en el fusil corrió por toda la ciudad, dando nombre a esta revolución.

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Sensaciones

La distancia cada vez importa menos. La distancia ya solamente es un número más. Es posible ir a casi cualquier parte del mundo por tierra, mar o aire. Lo único que nos separa de nuestro destino es el dinero. ¿Pero y cuándo ahorramos? Esa sensación estresante de coordinar fechas y horarios, de que todo cuadre para hacer ese viaje tan esperado. Es una sensación agobiante, pero no mala, porque significa que viajes, que vives.

Viajar es vivir, aprendes a cada minuto , a cada segundo, sin perder el tiempo salvo que pases 24/7 en el hotel. Quizás nos asustamos frente al nuevo idioma, nueva cultura, pero debemos llenarnos de valor. Puede que el viaje no salga como ideamos, pero las sensaciones serán únicas, y para bien o para mal, no se repetirán.

Por ello, por lo que te has gastado, por tu yo presente y por tu yo futuro, cada vez que viajes, vívelo. Graba, haz fotos, salta desde lo más alto, pero ante todo vívelo con tus ojos, no con lentes. Haz que quede en tu memoria, haz que los más bellos momentos sean recordados sin necesidad de fotos. Las fotografías se pueden ver en cualquier momento, pero la experiencia no la puedes conseguir siempre, es única.