Paralizada

Las piernas me fallaban en mi intento de levantarme. En una hora entraba a mi puesto de trabajo y mis piernas no reaccionaban. Cuando por fin pude levantarme, desayuné algo y fui hacia mi trabajo. Desde hace semanas he tenido lo que puede llamarse parálisis del sueño, pero últimamente eran constantes y ya despierta no reaccionaba como debería mi cuerpo.

Aunque cansada, llegué hasta mi trabajo en la botica del pueblo. Empuje la puerta con esfuerzo y entré. La chica morena de la puerta se preocupó por mi estado, estaba más blanca de lo habitual. Me consideré siempre blanca nuclear, pero ese día estaba más pálida de lo habitual. Saludé a mi compañera cuando un escalofría me recorrió todo el cuerpo.

Noté la vista borrosa como cuando llevas tiempo sin beber y pasando calor, alcancé a coger a una clienta del brazo para pedir ayuda pero me desmayé. Oí palabras y comentarios de la clientela hablando de lo que me había pasado, pero no podía moverme, me faltaba el aire. Era esa angustia de nuevo, ni el más pequeño de los músculos podía mover. Tras horas, que serían en verdad segundos, entreabrí los ojos y aunque borroso, los ví a todos.

Mi compañera supuso que sería fatiga o cansancio y yo no le dí explicaciones. Me había mudado al pueblo hará menos de un año, y no era muy social. Tras el cambio de turno pude sentarme y descansar algo, la tarde aparentaba ser tranquila y me sumergí en mis pensamientos y en mi taza de café. No me dí cuenta de la hora hasta que se hizo de noche. Cerré la botica pero aún me faltaba parte del café. Lo terminé despacio ya que nadie me esperaba en casa.

Oí voces. Seguramente serían las clientas que se quejaban de la puerta cerrada, pero no podía moverme. Mi compañera llegaría pronto. Empecé a oír llantos, y una triste melodía de piano. A veces con parálisis del sueño también se pueden imaginar cosas. Pero de pronto oí una ruda y potente voz, era una misa. Mi corazón se aceleró, pero mis músculos no reaccionaban. Escuche mi misa, mi propio funeral, como me transportaban más tarde y como lloraba la gente. Quería moverme pero mi cuerpo no reaccionaba. Cada vez me costaba respirar más, pero por fin la mano derecha me hizo caso. Sin embargo ya era demasiado tarde.

 

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