Inspírame.

­­­­Llegó como brisa veraniega en un mes de julio. Despertares tardíos y sueños al amanecer. Aquella sensación de querer volver a escribir, a escribirle, se posó en mí. Las palabras fluían y las frases se creaban solas en mi cabeza, que rápidamente plasmaba en el papel. Había estado largo tiempo sin escribir, sin que aquellos folios que estaban desordenados por mi escritorio se llenaran de tinta. De aquella tinta negra que después leía y releía mil y una vez. Por fin, volvían a ensuciarse de nuevo esos folios, que después pasaba al ordenador. Mi vida había dejado nuevamente de ser rutinaria.

Me gustaba escribir, sin embargo, un día la inspiración se fue. Como si fuera algo pasajero, aquel día con el último rayo de sol, se fue mi inspiración. Sin embargo, este mes de julio, volvió. Me llegó como una sacudida, nada más levantarme, mi cabeza pensó en una historia. En una pequeña historia que formaba una más grande, que poco a poco mi inspiración me ayudaba a escribir.

Siempre ha sido mi pasión, pero ahora llega con más fuerza. Tengo personas a las que escribir, aunque ellas ni tengan conocimiento, son mis musas en la oscuridad. La gente que aprecio, la gente que admiro, aquellos a los que adoro y quiero, me inspira en las sombras. Solamente pensar en ellos y las palabras van solas. Gracias a ellos mi inspiración ha vuelto a mí con la brisa veraniega.

El tiempo se detiene y las palabras se escriben solas. La inspiración ha vuelto a florecer, y esta vez espero que si las flores se caen, sean para volver más fuertes.

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Sé tú.

Cuando nos importa algo, pensamos demasiado en ello. Tenemos ese miedo de que podemos echarlo todo a perder con una palabra, con una acción. Podemos tener miles de sentimientos arraigados en lo más profundo y no decirlos, por el simple hecho de que no encajen bien al resto. Podemos tener cientos de palabras en la punta de la lengua, y no decirlas por cómo sentarán. Podemos querer hacer mil y una actividad, pero quedarnos parados por el simple hecho de cómo nos mirará la gente si lo hacemos. No hacemos lo que queremos. No decimos lo que sentimos. No actuamos como somos.

Poco a poco, te das cuenta de que siguen hablando de ti. Pasas por la calle de tu ciudad y comentan que poco estilo tienes. Vas a la compra y en cola, los clientes de detrás hablan de que no deberías comprar tantos alimentos grasientos, que tu cuerpo no se ve bien. Te pones la música casi al máximo o suena tu teléfono por una llamada, critican tu estilo musical. Dices lo que piensas, te dicen que te equivocas sin fundamentos. Ríes, te ponen cara de póker y te dicen que eres demasiado infantil e inmadura.12391931_1019337894783800_8866651630416625261_n

Intentas cambiar. Cambias tu manera de vestir. Cambias tus gustos musicales, al menos en público. No ríes tanto. ¿Pero sabes qué? Ellos siguen ahí. Te siguen criticando. Te critican tu forma de vestir, aunque sea la misma que la suya. La música que escuchas, porque es la del disco anterior. Pero eso no es lo peor. Lo peor es que TÚ no te sientes bien. Porque ni te gusta esa manera de vestir, ni esa música, ni esa forma de ser. Te gusta reír, cuando y como quieras.

Por ello, sé TÚ. Vive tú vida como tú quieras. Porque por mucho que cambies, siempre habrá gente que te critique, sobre todo por las espaldas. Por eso ten un estilo que sea tuyo, no una copia. Ten tus pasiones, tus sueños, tus objetivos, tus silencios, tus temores, tus alegrías. Sé como quieras ser, no lo que quiera la gente de ti.

Casualidad.

Dicen que las casualidades no existen, creo que es cierto. A nuestra vida llegan personas que igual permanecen con nosotros un día, un año o el resto de nuestras vidas. La gente entra y sale, dejando o sin dejar huellas. Huellas que marcan. Las relaciones sean del tipo que sean marcan. Podemos tener a alguien sentado a nuestro lado una tarde entera, pero no le hablamos ¿Por qué? Podemos ver a alguien unos minutos y entablar una conversación.

Cuando alguien llega a tu vida, puede irse o quedarse. Muchas elegirán irse, pero otras se quedarán.  La mayoría de gente que conozcas en tu vida no la habrás conocido en tu infancia, sino a lo largo de tu día a día. La gente a veces llega a tu vida en los momentos que más lo necesitas, en momentos de cambio o crecimiento.

Todo tiene un porqué. Si una persona entra en una etapa de tu vida, es en la etapa indicada, y si no, volverá cuando lo sea. Todo sucede por algo. Si algo acaba, pasemos página porque algo mejor está por llegar. No podemos aferrarnos a un pasado para no vivir el presente. Si ha pasado es por algo. Si algo empieza hay que disfrutarlo al máximo. No hay que crear un momento perfecto, todos los momentos con las personas que queremos son perfectos. Las casualidades no existen, si algo está pasando ahora, disfrutemos de ello, pues es por alguna razón. Puede que esa persona nos haga bien o mal, pero nos dejará una huella que nos servirá para crecer.

Si algo no ocurre es porque aún no es el momento. Por ello hay que vivir sin prisas, hay que ir día a día, porque lo que tenga que pasar pasará.

Barreras a los sentimientos.

Las personas por naturaleza nos relacionamos unos con otros. Sin embargo cada relación es distinta. No hay una igual a otra. Hay relaciones de amistad, familiares, de amor, de trabajo o de simple cortesía.

Tal vez, dónde pongamos más barreras sea en relaciones sentimentales. Esa relación extraña entre dos, y no entre tres. El daño es inevitable, por ello a veces nos ponemos barreras, para que no nos hagan daño. Nuestros padres, se conocían y empezaban a salir. Salir. Tenían claro desde el principio si eran novios o no. Ahora para bien o mal, eso no es así. Es cuando ponemos barrera.

Barreras por el simple hecho de no saber si somos correspondidos, porque damos nuestro afecto y no vemos una respuesta. A veces la respuesta es negativa, pero aunque creamos que nuestro cupido nos odia y vamos a tardar en superarlo, en unas semanas estaremos de nuevo sonriendo con ilusión. Puede que la respuesta sea correspondida, pero no lo notamos, y eso, en cierta manera duele.”Duele” porque no sabes si estás dando de más y a la otra persona puede molestarle tanto afecto. “Duele” por falta de comunicación, ya que una u otra persona no dice que siente. Los sentimientos son fáciles, pero nosotros lo complicamos. A veces creo que a los seres humanos nos gusta complicarnos la vida.

Barreras porque llega un momento en que no sabes ni que decir ni que hacer. Te gusta, se supone que le gustas, pero no hay nada claro. Nos volvemos a complicar. Nos da miedo dar demasiado afecto y sobretodo demostrarlo. Es una relación a dos, y si nos vemos más “ilusionados” que la otra persona, podemos dar un paso hacia atrás. Un paso hacia atrás porque tal vez no sabemos hasta dónde quiere llegar la otra persona en la relación. Un paso hacia atrás porque no tenemos la más mínima idea de si la otra persona está lista para dar otro paso, aunque nosotros sí.

Barreras porque ves que te vas a chocar contra el muro. El muro lo estas viendo, vas más y más rápido. Te empiezas a preguntar si te lo estas tomando demasiado en serio y para la otra persona eres un juego o pasatiempo. Todo es posible. Ya no se usa ni se pregunta ¿Quieres salir conmigo? Por lo que tú puede ser que te estés pillando bastante, y la otra te vea como un simple coqueteo. Puedes darle mil y una vueltas a la cabeza. Pero no eres adivina, no lo eres.

Barreras porque te das cuenta de que cuando estas pillada y no se han dejado las cosas claras, hay  dos opciones.La primera parar para no darte contra el muro y así no sufrir, esperar a que la otra persona de el paso, aunque puede que las dos esperen a que la otra lo dé.  O seguir, preguntar de frente que es “esto”, y dejarse llevar , traspasando el muro.. La respuesta nos puede gustar o no, pero lo habremos intentado  ¿Tú que eliges?

 

Primera impresión.

Todos los días salimos a la calle, alegres o tristes, despiertos tras haber tomado un buen café o soñolientos, algunos con más prisas y otros con menos. Cuando llegamos a un nuevo sitio o nos encontramos con nueva gente, se produce la primera opinión sobre una o varias personas. Podemos caer mal o bien, pero ¿Y si ha sido un mal día para nosotros?¿La gente ya tendrá una mala impresión? La gente dice que una mala o buena impresión se da el primer día, con tan solo cruzar una mirada o intercambiar unas simples palabras y es muy difícil, en algunos casos, es básicamente imposible cambiarla. Pero si por ejemplo ha llovido, estamos empapados, con barro hasta en los pies y el pelo totalmente alborotado a causa del viento.¿Ya damos una mala impresión? ¿En que no basamos para dar una mala o buena opinión sobre una persona?                                                                                                               0917c712c71411e2919022000a1f8daa_7

Cuando somos nosotros mismos los que nos vemos como la persona que esta preparándose para “ser juzgada” siempre intentamos crear la mejor impresión, el primer día de trabajo, el primer día de instituto o incluso el primer día que vamos a presentarnos a los nuevos vecinos, intentamos ir impecables, pero siempre existe la probabilidad de que haya un percance, que basta con una pequeña lluvia que humedezca y alborote tu pelo, con una llamada de última hora que te haga llegar tarde a la entrevista de trabajo, una mirada equivocada o una vestimenta que sin haber querido, no es la adecuada.

En el caso de ser nosotros los que otorgamos la opinión, ¿Cómo lo hacemos? Tal vez solo por el físico juzgamos a la gente, o también puede que sea por lo que nos transmite, que lo recibimos por lo que llamamos “intuición”. El caso es que desde el primer día que vemos a alguien le ponemos una determinada etiqueta, y a partir de esa idea que tenemos de esa persona empezamos a hablarle o a actuar de una determinada manera. ¿Pero en que nos basamos? ¿Cambian los papeles desde el punto de vista de la persona a la que se esta etiquetando a la persona que etiqueta?

 

No recuerdo.

Nada ha sido igual desde que llegué al campamento, y no es para menos. Teresa, la chica con la que comparto habitación no es normal, estoy segura de que es un tipo de espíritu. Nadie nos habla nunca cuando estamos juntas, y nos miran extraño. Necesito hacer algo o aquí todos se creerán que estoy loca, y no pienso dejar que eso ocurra. Ella se preocupa mucho por mí, puede que por llamarnos igual o porque soy la única que la ve .No habrá tenido muchos amigos en vida, pues siempre está leyendo y a lo suyo. Esa es otra de las razones por las que sé que no existe, nunca habla con nadie y cuando la conocí me miró con miedo, y miraba a todos lados para afirmar que me dirigía a ella. Ahora, aunque la tengo justo delante y me sonríe, estoy dispuesta ha hacer como todas, como si no la viera, o me dirán loca. Camino hacia la puerta, cuando estoy justo a su lado, alguien tira un café y cae sobre mí. No lo siento, le grito al chico, que le pide perdón a Teresa y pasa de mí. No es ella, soy yo.

Espero…

Los susurros se oían más graves en aquella oscuridad que todo cubría. La pesadilla que tanto temía estaba presente. Los sueños se cumplen, eso dicen. Pero este ojalá nunca hubiera llegado a vivir. Mi padre hablaba con mi madrastra  de lo que acababa de acontecer, intentando que apenas se oyeran sus palabras, con la esperanza de que todas durmiésemos. Nuestra hermana mayor había huido de casa la noche anterior, como casi cada fin de semana, pero esta vez tardó más en volver. Había sido a media mañana cuando un hombre recio con bigote, vestido con gabardina por el frío de los días llamó a la puerta de nuestra casa. Mi padre al poco de hablar con él, salió apresuradamente. No era normal la tardanza de nuestra hermana, ni esas prisas de repente de nuestro padre. Cuando mi padre llegó a casa en un llanto casi silencioso y preguntó a nuestra madrastra si estábamos dormidas, lo supuse, nuestra hermana no volvería.  No la vería más. Entre susurro y susurro, los pensamientos y sueños que fueron presentes durante la mañana y la tarde se habían hecho realidad.  No sé que hay en el otro lado o si existe. Pero yo que desde pequeña no había rezado, comencé a pedirle a quien hubiera allí arriba que cuidara de ella.

La luz se encendió. Se dieron cuenta de que en aquella oscuridad, todas estábamos atentas a sus leves y casi insonoras palabras. Como familia lloramos juntos lo que en unas horas todos nuestros vecinos llorarían con nosotros. Por una parte nos unió, pero por otra nos destrozó por dentro.  Espero que nunca se vaya de mis recuerdos. Espero que sigan ahí los días de risas, de juegos, de compras, de colegio, de viajes juntas. E incluso deseo y espero que los llantos, los enfados y las discusiones sigan ahí. No quiero, no puedo dejar escapar ni un solo pensamiento con ella. Espero que de alguna manera esté siempre conmigo.

Cambio.

Algunas ideas, un cambio en la forma de pensar. Una conversación, unas palabras, pueden ser el último empujón para empezar a saber lo que quieres, para saber que necesitas y que no. Algunas palabras que parecen tontas. Una simple conversación puede hacerte ver el porque de las cosas, y así dejar cerrado un capitulo, para seguir, con más fuerza en el que se está escribiendo.

Ya.

Siempre, aunque desearía que no,  me ha importado lo que diga de mí la gente. Como le importa a muchas personas.  El cómo se ven física o psicológicamente, o cómo les  vean los demás. De chica y ahora. He intentado cambiar muchas cosas, maneras de pensar por encajar o porque me vean de una u otra manera. Pero me he dado cuenta de que al final, si caigo mal, voy a caer mal. Así que me va a seguir importando lo que piense la gente, eso va a seguir siendo así. Pero menos. Me voy a poner yo por delante, que ya va siendo hora. Voy a cambiar la manera de ver las cosas, porque nadie es normal, todos tenemos nuestras locuras. Y sé, que si no digo o no actuo como creo, al final critiquen o no, me voy a sentir mal conmigo misma. Dejar de decir cosas por creer que me veré tonta, o decirlas porque sino sería raro.. ya no.
Y gracias.. porque hay gente que sabe cómo soy, las gilipolleces que he hecho y aún asi están conmigo, y es esa gente la que me dice que hago mal a veces o cuando la lio, pero por mi bien. Con esa gente si me importarán que piensen, aunque también en su justa medida, porque saben como soy.
No voy a cambiar, pero si dejar ese tremendo MIEDO de que será lo que pensarán si hago esto o aquello, de lo que pensarán si se enteran de esto o aquello.
La gente critica de todos modos, siendo así critican aunque no los oiga.
Sé que hay gente que me va a apoyar, y aunque sean pocas, me dan la fuerza que necesito, para dejarme de estupideces y no tener miedo a ser yo

Ayer es pasado.

A veces aunque lo intentes las cosas cambian, y llega en un momento que lo sabes, puede que no seas tu la que hayas cambiado, ni tampoco las personas que te rodean. Sin embargo, te das cuenta que las cosas no son como antes.Sigues siendo tu, pero los recuerdos son recuerdos, y tienes que crear nuevos, porque si no cada vez que veas esa foto que tienes en un corcho o en un cuadro, te acordaras de los recuerdos.Los recuerdos duelen mucho, saber que las cosas han cambiado, y aunque lo hayas intentado no has conseguido que vuelvan a ser como antes. Recuerdas momentos palabras, y sabes que no se volverán a repetir, te callas, no porque no lo quieras decir.. sino porque si lo haces no vas a decir ni media frase antes de empezar a llorar. Porque los momentos son recuerdos, recuerdos que han quedado atrás. 

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